jueves, 6 de septiembre de 2012

Aquiles y la tortuga

Hoy les traigo una pequeña paradoja, se trata de la paradoja de Aquiles corriendo tras la tortuga es una de las más clásicas y famosas paradojas de Zenón. Este griego filósofo pretendía demostrar que todo lo que percibimos en el mundo es ilusorio, y que cosas como el movimiento eran simplemente ilusiones y no realidades. Lo cual no deja a mi me dejo con un poco de miedo. Para demostrarlo ideó una serie de paradojas que “mostraban” que el movimiento no existía, que todas las distancias son infinitas, que no existe el tiempo.
 La paradoja de Aquiles y la tortuga consiste en una imaginaria carrera. Uno de los contrincantes (Aquiles) era el más hábil de los guerreros aqueos, y vencedor de mil batallas. Era un superhombre casi invencible, y apodado “el de los pies ligeros”. El otro contrincante (la tortuga) es un ser por todos conocido, de proverbial lentitud y bien cachazudo. Dado que Aquiles es mucho más rápido que la tortuga, antes de empezar decide darle un estadio de ventaja, y tras dárselo, se da el pistoletazo de salida. Rápidamente Aquiles atraviesa ese estadio de ventaja hasta llegar al punto en el que estaba la tortuga. Ésta, de un insospechado espíritu competitivo, se había desplazado unos cuantos pasos hacia adelante. Así que Aquiles, atónito (no era muy listo) pero confiado en su enorme poderío físico, decide cruzar ese puñado de pasos, hasta llegar de nuevo a donde estaba la tortuga. De nuevo ella ¡se ha vuelto a mover! Se ve que el quelónido no tiene buen perder y Aquiles de nuevo, con renovados bríos, recorre velozmente esos centímetros que le separan del punto donde estaba la tortuga, la cual de nuevo… ¿se lo imaginan? ¡Efectivamente! La encontramos un poquito más adelante
Y argumentaba Zenón con mucha razón que así podíamos seguir hasta el infinito, y que Aquiles JAMAS alcanzará a la tortuga. Y por tanto cuando vemos a un Aquiles alcanzando a una tortuga es simplemente una ilusión. ¿En dónde se equivoca Zenón? En realidad no podemos decir que se equivoque, pero lo que está claro es que su argumento no demuestra nada: una suma de infinitos términos puede dar un resultado finito. Pero esto no se puso sobre el papel hasta que Leibniz, que era un tipo realmente listo, inventó el cálculo infinitesimal.
Así que si Aquiles recorre 1 estadio en un minuto y la tortuga 1/10 de estadio en el mismo tiempo, Aquiles recorrerá 1+ (¡caramba, se ha movido!) 1/10 + (¡otra vez!¡le ha dado tiempo a moverse!) 1/100+ (¡again! bueno, en griego) 1/1000 …etc: 1+1/10+1/100+1/1000+...= ¿cuánto? Desde luego esta suma no da una distancia infinita que requiere infinito tiempo recorrer, sino una distancia concreta: 1,111111111… estadios. Y eso Aquiles se lo hace con la gorra en un minuto y pico (1,111…), la tortuga no tiene nada que hacer.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Fedro (Diálogo de Platón)

Esta vez les traigo un pequeño fragmento de uno de los diálogos platónicos que mas me gusta releer, se trata de Fedro (o del amor, o de la belleza como algunos dicen), espero les guste como a mi
SÓC. — No me lo tomes a mal, buen amigo. Me gusta aprender. Y el caso es que los campos y
los árboles no quieren enseñarme nada; pero sí, en cambio, los hombres de la ciudad. Por
cierto, que tú sí pareces haber encontrado un señuelo para que salga. Porque, así como se hace
andar a un animal hambriento poniéndole delante un poco de hierba o grano, también podrías
llevarme, al parecer, por toda Ática, o por donde tú quisieras, con tal que me encandiles con
esos discursos escritos. Así que, como hemos llegado al lugar apropiado, yo, por mi parte, me
voy a tumbar. Tú que eres el que va a leer, escoge la postura que mejor te cuadre y, anda, lee.
FED. — Escucha, pues.
«De mis asuntos tienes noticia y has oído, también, cómo considero la conveniencia de que
esto suceda. Pero yo no quisiera que dejase de cumplirse lo que ansío, por el hecho de no ser
amante tuyo. Pues, precisamente, a los amantes les llega el arrepentimiento del bien que hayan
podido hacer, tan pronto como se les aplaca su deseo. Pero, a los otros, no les viene tiempo de
arrepentirse. Porque no obran a la fuerza, sino libremente, como si estuvieran deliberando, más
y mejor, sobre sus propias cosas, y en su justa y propia medida. Además, los enamorados tienen siempre ante sus ojos todo lo que de su incumbencia les ha salido mal a causa del amor
y, por supuesto, lo que les ha salido bien. Y si a esto añaden las dificultades pasadas, acaban
por pensar que ya han devuelto al amado, con creces, todo lo que pudieran deberle. Pero a los
que no aman y no ponen esa excusa al abandono de sus propios asuntos, ni sacan a relucir las
penalidades que hayan soportado,  ni se quejan de las discusiones con sus parientes, no les
queda otra alternativa, superados todos esos males, que hacer de buen grado lo que consideren
que, una vez cumplido, ha de ser grato a aquellos que cortejan. Y, más aún, si la causa por la
que merecen respeto y estima los enamorados, es porque dicen que están sobremanera atados a
aquellos a los que aman, y dispuestos, además, con palabras y obras a enemistarse con
cualquiera con tal de hacerse gratos a los ojos de sus amados, es fácil saber si dicen verdad,
porque pondrán, por encima de todos los otros, a aquellos de los que últimamente están
enamorados, y, obviamente, si estos se empeñan, llegarán a hacer mal incluso a los que antes
amaron. Y en verdad que ¿cómo va a ser, pues, propio, confiar para asunto tal en quien está
aquejado de una clase de mal que nadie, por experimentado que fuera, pondría sus manos para
evitarlo? Porque ellos mismos reconocen que no están sanos, sino enfermos, y saben, además,
que su mente desvaría; pero que, bien a su pesar, no son capaces de dominarse. Por
consiguiente, ¿cómo podrían, cuando se encontrasen en su sano juicio, dar por buenas las
decisiones de una voluntad tan descarriada? Por cierto, que, si entre los enamorados escogieras
al mejor, tendrías que hacer la elección entre  muy pocos; pero si, por el contrario quieres
escoger, entre los otros, el que mejor te va, lo podrías hacer entre muchos. Y en consecuencia,
es mayor la esperanza de encontrar, entre muchos, a aquel que es digno de tu predilección.
»Pero si temes a la costumbre imperante, según la cual, si la gente se entera, caería sobre ti la
infamia, toma cuenta de los enamorados, que creen ser objeto de la admiración de los demás,
tal como lo son entre ellos mismos, y arden en deseos de hablar y vanagloriarse de anunciar
públicamente que ha merecido la pena su esfuerzo. Pero los que no aman, y que son dueños de
sí mismos, prefieren lo que realmente es mejor,  en lugar de la opinión de la gente. Por lo
demás, es inevitable que muchos oigan e, incluso, vean por sí mismos que los amantes andan
detrás de sus amados y que hacen de esto su principal ocupación, de forma que, cuando se les
vea hablando entre sí, pensarán que, al estar juntos, han logrado ya sosegar sus deseos, o están
a punto de lograrlos. Sin embargo, a los que no aman, nadie pensaría en reprocharles algo por
estar juntos, sabiéndose como se sabe que es normal que la gente dialogue, bien sea por
amistad o porque es grato hacerlo. Pero, precisamente, si te entra el reparo, al pensar lo difícil
que es que una amistad dure y que si, de algún modo, surgen desavenencias, sufriendo ambas
partes de consuno la desgracia, a ti, en tal caso, es a quien tocaría lo peor, al haberte entregado
mucho más, puedes acabar por temer, realmente, a los enamorados. Pues son muchas las cosas
que les conturban, creyendo como creen que todo va en contra suya. Por eso buscan apartar a
los que aman del trato con los otros, porque temen que los ricos les superen con sus riquezas,
y con su cultura los cultos. En una palabra, se guardan del poder que irradie cualquiera que
posea una buena cualidad. Si consiguen, pues, convencerte de que te enemistes con éstos, te
dejan limpio de amigos. Pero si, en cambio, miras por tu propio provecho y piensas más
sensatamente que ellos, entonces tendrás disgustos continuos. Sin embargo, todos aquellos que
sin tener que estar enamorados han logrado lo que pretendían por sus propios méritos y
excelencias, no tendrían celos de los que te frecuenten, sino que, más bien, les tomarían a mal
el que no quisieran, pensando que éstos los menosprecian y que, al revés, redunda en su
provecho el que te traten. Así pues, tendrán una firme esperanza de que de estas relaciones
habrá de surgir, más bien amistad que enemistad.
»Predomina, además, entre muchos de los que aman, un deseo hacia el cuerpo, antes de
conocer el carácter del amado, y de estar familiarizados con todas las otras cosas que le atañen.
Por ello, no está muy claro si querrán seguir teniendo relaciones amistosas cuando se haya
apaciguado su deseo. Pero a los que no aman y que cultivaron mutuamente su amistad antes de
que llegaran a hacer eso no es de esperar que se les empequeñezca la amistad, por los buenos
ratos que vivieron, sino que, más bien, la memoria pasada servirá como promesa de futuro. Y,
en verdad, que es cosa tuya el hacerte mejor, con tal de que me prestes oído a mí y no a un
amante. Pues éstos dedican sus alabanzas a todo lo que tú haces o dices, aunque sea contra
algo bueno, en parte por miedo a granjearse tu enemistad, en parte también porque, por el
deseo, se les ofusca la mente. Porque mira qué cosas son las que el amor manifiesta: cuando
tienen mala suerte, les parece insoportable lo que a otros no daría pena alguna, mientras que un
suceso afortunado que, por cierto, no merece  ser tenido por algo gozoso desencadena,
necesariamente, sus alabanzas. En definitiva, que hay que compadecer a los amados más que
envidiarlos. Pero si te dejas persuadir por mí, no va a ser el gozo momentáneo tras lo primero
que voy a ir cuando estemos juntos, sino tras el provecho futuro. No seré dominado por el
amor, sino por mí mismo, ni me dejaré llevar por pequeñeces a odios poderosos, sino que sólo
en relación con cosas importantes dejaré traslucir mi desagrado. Perdonaré los errores
involuntarios e intentaré evitar los voluntarios. Éstas son las señales que indican la larga
duración de una amistad. Pero si acaso se te ocurre que no es posible que nazca una vigorosa
amistad a no ser que se esté enamorado, date cuenta de que, en tal caso, no tendríamos en
mucho a nuestros hijos, ni a nuestros padres, ni a nuestras madres, ni ganaríamos amigos fieles
que lo fueran por tal deseo, sino por otro tipo de vínculos.
»Si, además, es menester conceder favores a quienes más nos los reclaman, conviene mostrar
benevolencia, no a los satisfechos, sino a los descarriados. Precisamente aquellos que se han
liberado, así, de mayores males serán los más agradecidos. Incluso para nuestros convites, no
habría que llamar a los amigos, sino a los pordioseros y a los que necesitan hartarse. Porque
son ellos los que manifestarán su afecto, los que darán compañía, los que vendrán a la puerta y
mostrarán su gozo y nos quedarán agradecidos, pidiendo, además, que se acrecienten nuestros
bienes. Pero, igualmente, conviene mostrar nuestra benevolencia, no a los más necesitados,
sino a los que mejor puedan devolver favores, y no tanto a los que más lo piden, sino a los que
son dignos de ella; tampoco a los que quisieran gozar de tu juventud, sino a los que, cuando
seas viejo, te hagan partícipe de sus bienes; ni a los que, una vez logrado su deseo, se ufanen
pregonándolo, sino a los que, pudorosamente, guardarán silencio ante los otros; ni a los que les
dura poco tiempo su empeño, sino a los que, invariablemente, tendrás por amigos toda la vida;
ni a cuantos, una vez sosegado el deseo, buscarán excusas para enemistarse, sino a los que, una
vez que se haya marchitado tu lozanía, dejarán ver entonces su excelencia. Acuérdate, pues, de
todo lo dicho y ten en cuenta que los que aman son amonestados por sus amigos como si fuera
malo lo que hacen; pero, a los que no aman, ninguno de sus allegados les ha censurado alguna
vez que, por eso, maquinen cosas que vayan contra ellos mismos.
»Tal vez quieras preguntarme, si es que no te estoy animando a conceder favores a todos los
que no aman. Yo, por mi parte, pienso que ni  el enamorado te instaría a que mostrases esa
misma manera de pensar ante todos los que te aman. Porque para el que recibe el favor, esto
no merecería el mismo agradecimiento, ni tampoco te sería posible queriendo como quieres
pasar desapercibido ante los otros. No debe derivarse, pues, daño alguno de todo esto, sino
mutuo provecho. Por lo que a mí respecta, me parece que ya he dicho bastante, pero si echas
de menos alguna cosa que se me hubiera escapado, pregúntame.»
FED. — ¿Qué te parece el discurso, Sócrates? ¿No es espléndido, sobre todo por las palabras
que emplea? 
SÓC. — Genial, sin duda, compañero; tanto que no salgo de mi asombro. Y has sido tú la
causa de lo que he sentido, Fedro, al mirarte. En plena lectura, me parecías como encendido.
Y, pensando que tú sabes más que yo de todo esto, te he seguido y, al seguirte, he entrado en
delirio contigo, ¡oh tú, cabeza inspirada! 

Aunque es un pequeño fragmento del inicio del diálogo (Fedro 321a-234d) es por de mas interesante e invita a reflexionar.

viernes, 24 de agosto de 2012

El día que Nietzsche lloró

Bien esta tarde me quede en casa viendo una gran película que sin duda a la fecha me sigue fascinando, se trata de "El día que Nietzsche lloró" esta película de 2007, dirigida por Pinchas Perry, está basada en la obra de ficción When Nietzsche Wept (1992) del psicoanalista norteamericano Irvin D. Yalom, quien simula el encuentro del fisiólogo y psicólogo austriaco Josef Breuer, colega y maestro del padre del psicoanálisis Sigmund Freud, con el revolucionario filósofo Friedrich Nietzsche. La historia se desarrolla en el escenario de la Viena del siglo XIX.
En este mismo post enlazamos con el mencionado filme (dividido en 11 videos) que alguien tuvo la nobleza (*) de subir a YouTube. A continuación una pequeña sinopsis de la película, con una ficha de la misma:
Primavera de 1882. La joven y deslumbrante Lou Salomé organiza una misteriosa cita con Josef Breuer, célebre médico vienés, con el objetivo de salvar la vida de un tal Friedrich Nietzsche, un atormentado filósofo alemán, casi desconocido pero de brillante porvenir, que manifiesta tendencias suicidas. Breuer, influido por las novedosas teorías de su joven protegido Sigmund Freud, acepta la peligrosa estrategia que Salomé le propone: psicoanalizar a Nietzsche sin que éste se dé cuenta.


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Espero sea de su agrado...

jueves, 23 de agosto de 2012

El banquete (Platón)

Bueno uno de mis profesores hizo mención de este vídeo, esta muy bueno, es en francés, con subtitulo en ingles, por lo cual no veo gran problema para que sea visto y mas que nada entendido; es un una animación sobre lo que menciona Platón en su dialogo "El banquete" explicando, mediante el mito, el porque o el origen de la búsqueda de nuestra "media naranja"*; me pareció bastante ingenioso por parte de los griegos.
¡Véanlo!

http://www.youtube.com/watch?v=4paSMqKYXtY

*yo no busco media naranja cabe mencionar..,

domingo, 19 de agosto de 2012

Pensando en el sentido del blog

Bien ultimamente me la paso leyendo y leyendo para mis tareas escolares, y decidí que sería mucho mejor compartirles textos y libros que me parecen buenos y que me enseñen algo, asi es como pretendo volver este blog no solo mio, no solo publicar cosas que escribo y qu eleo qu me gusten, si no un lugar donde puedan, ademas de lo anterior, encontrar curiosidades, libros, videos, tareas, etc.. planeo volverlo como un acervo de todo lo que yo conozco, que cierto es muy poco, pero la idea es que ustedes me ayuden y esto hacerlo crecer.
   Me comprometo a publicar semanalmente (a menos que tenga documentos extras que subir) y contestar rapido el blog.
   Sin mas...

Volchise

martes, 7 de febrero de 2012

El niño

Decidi que seria bueno publicar doble hoy:


Tan solo un niño, eso es lo que vi al entrar en la comisaria, un niño sentado al lado de una maceta con una planta que doblaba en altura al nino. Cubierto en parte de ella, la comisaria era un caos, varios agentes estaban tirados bajo sus mesas, chillando y arañando las tablas de madera hasta acabar con los dedos sin uñas y ensangrentados. Mirando a la izquierda podia ver los sesos de dos policias esparcidos por el pasillo, probablemente se hubiesen pegado un tiro ellos mismos, pero lo que mas me llamaba la atención era un piojoso punki y un sintecho que estaban sentados encima de la sangre jugando a mancharse con los sesos de las cabezas huecas de ambos policias. Detrás del mostrador de la comisaria habia un policia de pie, inmóvil, con los ojos como platos mirando la escena, pero con la mirada perdida, mientras a sus pies se encontraba un agente de color de unos 40 años de edad que se habia abierto en canal con un abrecartas y se estaba sacando los intestinos con las escasas fuerzas que le quedaban, mientras balbuceaba que le sacaran el demonio de dentro. El caos reinaba en todo el edificio, se podia oler la locura desde dos manzanas mas abajo, en realidad me hacia sentir bien, pero no igual que al niño que parecia estar en pleno extasis, saboreando hasta la ultima gota del climax de locura nacida de la suya, era como ver a un artista disfrutando de su obra en una exposición en la que sabe que es un verdadero genio, como un niño mirando por ultima vez su castillo de arena antes de destruirlo, pero este niño juega con la contradicción y el terror, que para eso son sus juguetes preferidos, mas de una vez habia oido decir a alguien: “``Si cierras la puerta de tu armario cuando vas a dormir por miedo a lo que hay en la oscuridad acuerdate de cerrar la puerta de tus pesadillas, pues alguien puede entrar, mirar, y arrancar la poca sensatez que te pueda quedar´´``.

Vaya, parece que me dejo llevar por este aire de locura... bien después de disfrutar un poco del espectáculo me acerque a mi buen amigo Marc y le pregunte
como se encontraba, el me respondio con voz serena y clara: ``Hoy es el primer dia de hoy a partir de ya mismo Sr. Arbol de Navidad``.

A las tres noches volvi a ver a mi buen amigo marc, seguia entre nosotros, pero con una diferencia, ahora he crecido y ya no se quien soy, si Marc el nino, si el arbol de navidad o puede que aun no me haya encontrado, pero se que voy por buen camino....

Volchise 

Siete pecados capitales

Escuela, amigos, libros, dormir, comer... eso es lo que e estado haciendo. Compre un libro
me parecio atractivo, el titulo: "Siete pecados capitales" de Milorad Pavic, es simplemente Literatura Absoluta.

Sin mas le dejo el primer parrafo:






1. La jaula blanca de Tunez en forma de pagoda

Los pensamientos humanos son como cuartos. Entre ellos hay salas lujosas y cuartuchos saturados. Los hay soleados y sombríos. Algunos dan al río y al cielo, otros al traspatio o al sótano. Las palabras en ellos semejan cosas y pueden ser cambiadas de un cuarto a otro. Los pensamientos dentro de nosotros en realidad, esas habitaciones en nuestro interior, agrupadas en palacios o cuarteles, pueden ser moradas de otros donde uno resulta ser sólo un inquilino. A veces, sobre todo de noche, encontramos que las salidas de esos aposentos están cerradas con llave y no podemos abandonarlos. Estamos cerrados como en un calabozo hasta que nuestros sueños nos liberan y nos dejan salir. Pero los sueños son como los invitados de una boda, hay que esperarlos. Mientras tanto, reina el insomnio. Dicen que existen dos insomnios, como dos hermanas. El de antes de dormirse y el otro, después de despertar en plena noche. El primero es madre de la mentira, el otro es madre de la verdad...

jueves, 2 de febrero de 2012

Bienvenidos


Después de pasar casa dos horas pseudo-editando este espacio, lo inauguró.

En el encontraran sencilleces de mi vida, escritos que marcaron, propios y ajenos..
Soy, ¿Quién soy?
Me lo pregunto a diario, el espejo a veces me miente
sencillamente soy quien desea reír sin que duela
llorar sin sufrir, volar, estrellarme, gritar, vivir…
Ya no le creo al susurro del viento en medio del paisaje; ni al vistazo furtivo de  los seres
disfrazo mi vida con un color, ¿Cuál? El que me diga mi tacto
saboreo las imagines que me presentan, juego a no-ser..


Soy Volchise 


La primera entrada del blog ya la noto muy vacia por eso les dejo el siguiente:
AL POETA


No existen ciudades que lloren
a cada poeta que muere.
Si viven su vida en secreto
quién va a recordarlos jamás.

Arrojen la flema de fuego
blasfemen, espanten los buitres
enseñen amor en los sueños
escriban encima de Dios.

Sigan con su ruido eterno
no recobren la cordura.
No quiero ablandarme, no puedo.
Tu muerte me quema los dedos;
¿por qué masticaste ese frío?
¿Por qué ese portazo infeliz?

Sigue con tu ruido eterno
no abandones tu bolero.
Sigue con tu ruido eterno
no abandones tu bolero.
 
 José Cruz Camargo